La experiencia humana más profunda es el amor
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La experiencia humana más profunda es el amor
En el arranque de la edición 2026 de la Cátedra Jorge Manzano, SJ, los rectores Alexander Zatyrka, SJ, y Juan Luis Hernández, del ITESO y de la Ibero Torreón, respectivamente, reflexionaron sobre cómo las experiencias profundas de humanidad ocurren siempre en comunidad.
Ximena Torres
“¿Qué podemos ofrecer a un mundo al que le queda poco tiempo?”, preguntó Alexander Zatyrka, SJ, rector del ITESO, al público que llenaba el Auditorio D2 de la universidad. Con el cuestionamiento no se refería al tiempo cronológico con el que se escribe la historia, sino a las posibilidades que todo ser humano tiene para alcanzar una vida plena.
La respuesta es el amor. Este concepto es, probablemente, uno de los más minusvalorados. Sin embargo, en su sentido más preciso, es la experiencia humana más profunda que existe, coincidieron Zatyrka y Juan Luis Hernández Avendaño, rector de la Ibero Torreón.
Ambas autoridades universitarias describieron los itinerarios sociocomunitarios y espirituales que conducen al ágape, el tipo de amor más altruista, desinteresado y libre de deberes que existe. Al ser cuestionados sobre el propósito de recorrerlos, Hernández respondió: “me parece que es una necesidad existencial, para vivir con alegría”.
Todo esto sucedió en el “Diálogo institucional sobre experiencias profundas de humanidad”, la primera actividad de la Cátedra Jorge Manzano, SJ, 2026, que se desarrolló bajo el título “Experiencias profundas de humanidad. Resistir el colapso civilizatorio desde el cuidado, la escucha y la confianza”.
En la primera parte de la conversación, cuando Manuel Silva de la Rosa, académico del Centro Universitario Ignaciano (CUI) del ITESO y moderador de la charla, preguntó a los ponentes sobre el significado de las experiencias profundas de humanidad, ellos describieron vivencias que los han transformado y que surgieron durante una búsqueda sensible, en la que dejaron a un lado los presupuestos que tenían sobre otros.
Zatyrka compartió con la audiencia una experiencia durante su temporada como voluntario en Bolivia. Ahí, tuvo un encuentro con un campesino que le explicó todas las dificultades que él y su familia tenían para mantener su forma de vida. Cuando el Rector le preguntó, “entonces, ¿qué hacen aquí?”, el campesino le respondió: “Estamos aquí por ti. Conozco tu llaqta (la palabra quechua para referirse a territorio) y a esa vida no le queda mucho tiempo.
Cuando eso se acabe y vengan a buscar a alguien que les enseñe cómo debe vivir el ser humano, nosotros vamos a estar aquí”.
Tal como lo vivió, Zatyrka dijo que las experiencias de profunda humanidad están conectadas con una intuición compartida por varias tradiciones religiosas, aquella que asegura que los seres humanos son capaces de alcanzar una realidad luminosa —como la vida eterna en el cristianismo o el nirvana en el budismo— que siempre ha estado ahí, pero que no es perceptible a primera vista.
Por eso el Rector del ITESO se ha dedicado a estudiar las pedagogías del espíritu. Algunas respuestas las ha encontrado en la antropología cristiana, que dicta que las facultades del ser humano siempre son modeladas en comunidad, incluyendo el amor. Para eso, cada persona debe constituir su identidad a través del camino que va desde la individuación —que solo considera a los demás a partir de sus necesidades y deseos— hasta la personificación. En esta última etapa, las personas descubren que su identidad solo puede alcanzar la plenitud en compañía de otros.
“Yo sé quién soy en la medida en la que me abro a relaciones que modelen mi capacidad de amar y ser amado de manera incondicional. [...] Ahí empieza el gran milagro de la comunidad, que es el sentido de la vida humana. Todas las grandes tradiciones subrayan que eso es omnipresente, pero no es obvio porque es una facultad que hay que desarrollar. Cuando la desarrollas te das cuenta de que eso que había estado siempre es, precisamente, el amor”, dijo Zatyrka.
El Rector de la Ibero Torreón también hizo referencia a una experiencia personal, la de convertirse en padre, como una de las vivencias que han transformado profundamente las certezas que alguna vez tuvo sobre la vida. Por eso considera que las madres y los padres buscadores en México pueden ayudar a entender lo que son las experiencias profundas de humanidad, pues ellos han sentido el amor profundo y, además, son capaces de transformar realidades, incluso en contextos marcados por el crimen organizado, por y para los hijos que fueron desaparecidos.
Hernández platicó lo que ha atestiguado en la parroquia católica al sur de la Ciudad de México, la de Nuestra Señora de Guadalupe Evangelizadora de América. Ahí, la comunidad eclesial de base organiza convivios semanales en los que el valor fundamental es compartir. En ese sentido, el Rector de la Ibero Torreón coincide con Zatyrka en que las experiencias de humanidad suceden en comunidad, aunque las lógicas capitalistas han radicalizado la individualidad.
“La experiencia humana más profunda tiene que ver con la relación, con los vínculos, con el perdón, con el amor, con la resistencia. Y eso lo podemos hacer todos y todas”, destacó Hernández.
Encontrarse con la vida desde la filosofía
En cuanto a la tarea de la universidad y la academia de posibilitar experiencias profundas de humanidad entre quienes han sufrido por la violencia o la injusticia, Zatyrka explicó que, en algunas ocasiones, al encontrarse con alguien que está sufriendo, la única posibilidad es “sentarse a llorar con esa persona”, como una forma de reconocer su dolor y entregarle la vida en ese instante de compañía.
Hernández insistió en la familia —con cualquiera que sea su composición— como un espacio de oportunidad para modelar el amor, la escucha y, por lo tanto, las vivencias radicales que tocan la fuente de nuestra identidad.
Como parte de la inauguración de la Cátedra Jorge Manzano, SJ, Pilar Rodríguez Martínez, titular de la Dirección de Integración Comunitaria (DIC) del ITESO, explicó que la actividad tiene el objetivo de recuperar los gestos del filósofo y profesor jesuita. Entre ellos, su compromiso por el diálogo entre la diversidad humana y la mutua comprensión de las personas.
“En alguna ocasión escuché decir que Jorge Manzano hizo de la filosofía no solamente una manera de pensar, sino también una manera de encontrarse con la vida. Y quizá eso sea precisamente lo que la cátedra busca recuperar de él como su fundador e inspirador”, explicó Rodríguez.
La edición de 2026 la cátedra se realizó en vinculación con la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría, SJ, de Análisis de la Realidad, una iniciativa que promueve una aproximación crítica y constructiva de la realidad política y social. En su convergencia, ambas buscan poner en palabras lo que son las experiencias profundas de humanidad como una forma de abrir caminos de esperanza.
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