“Lo que nos transforma con el otro nos hace profundamente humanos”
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“Lo que nos transforma con el otro nos hace profundamente humanos”
Durante las actividades de la Cátedra Jorge Manzano, SJ, tres filósofos se preguntaron por las experiencias de profunda humanidad en medio de una crisis en la que los límites de lo humano se han desdibujado.
Ximena Torres
La profundidad es como una espiral que, con cada vuelta, avanza hacia los cimientos del ser humano, aquellos que no se ven pero determinan sus convicciones. Esta imagen puede ser una primera pista para entender lo que son las experiencias profundas de humanidad, una pregunta que tres filósofos cercanos a la tradición jesuita desmenuzaron durante la primera ágora de 2026 de la Cátedra Jorge Manzano, SJ.
La conversación y el encuentro sucedieron en torno a un diagnóstico difícil de la realidad, uno que supone que los sistemas de creencias de las sociedades deben transformarse para responder a los problemas actuales. Eso se expresa en el título de la cátedra de este año: “Experiencias profundas de humanidad. Resistir el colapso civilizatorio desde el cuidado, la escucha y la confianza”.
“Por colapso entendemos que la crisis no es pasajera, sino que las cosas son más o menos permanentes y nuestras respuestas ya no sirven”, dijo Arturo Navarro Ramos, académico del Departamento de Formación Humana (DFH) del ITESO.
Sin embargo la discusión en la que participó no fue un dictamen de la catástrofe, sino la posibilidad de encontrar nuevos caminos desde la universidad, una de las “organizaciones educativas que pueden gestionar la búsqueda de sentido”, agregó Navarro, quien estuvo acompañado por Marcela Lisseth Brito, directora del Departamento de Filosofía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA El Salvador), y Elías González Gómez, uno de los fundadores de la cátedra, en 2023, y profesor adscrito al Centro Universitario Ignaciano (CUI).
Humanizarse mediante la entrega
“Lo que nos transforma es la capacidad de admirarnos del otro, por las circunstancias del otro. ¿Por qué? Porque es un momento de radical descentramiento”, aseguró Brito al explicar lo que son para ella las experiencias profundas de humanidad.
La académica destacó que cada persona tiene diferentes itinerarios para alcanzar la transformación de la que habla. Para ella, la filosofía es la mejor ruta, porque es una disciplina que nace del encuentro con una realidad que suscita sorpresa y lleva a formularse preguntas. Cuando esa vivencia se coloca en una dimensión relacional, ayuda a las personas a descubrir el proyecto y la misión de su vida, pues “en la dilucidación de quién es el otro, yo también me voy descubriendo a mí misma”, agregó.
La apertura hacia los demás debe estar acompañada por una disposición igual de importante para la entrega a través del amor en su forma de ágape. Brito explicó que este tiene un carácter fontanal, es decir, brota de manera generosa y no se limita a ofrecer lo que sobra. “Esa es la experiencia humanizadora por excelencia”, resaltó la panelista.
Luego de plantear esas fórmulas, dijo que la mejor forma de enfrentar el “colapso civilizatorio” es con la realidad concreta como principio, tal como lo postulaba Ignacio Ellacuría, SJ.
Brito ha dedicado su vida académica al pensamiento de este jesuita y, además, es coordinadora de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría para el Análisis de la Realidad Política y Social en El Salvador. En su edición de 2026, la Cátedra Jorge Manzano se llevó a cabo en vinculación con este encuentro internacional.
Historias fundamentales
Durante su intervención, Navarro compartió un par de anécdotas sobre su vida que representaron una ruptura de sus seguridades. La primera fue la devaluación del peso mexicano en 1976; la segunda, la muerte de algunos de sus compañeros en un accidente en carretera cuando estudiaba filosofía.
“A estas situaciones les llamamos crisis, cuando nuestras preguntas se enfrentan a un contexto en el que lo negativo es lo primero que aparece. Me da la impresión de que en esta conversación podríamos detenernos mucho en lo negativo, pero no quiero detenerme en eso ahora”, dijo.
Luego de ese análisis dirigió su comentario hacia lo que entiende sobre las experiencias profundas de humanidad, que son aquellas que se convierten en fundamento para la historia de vida de cada persona.
Tal como lo hizo Brito, Navarro señaló que para una persona solo es posible dilucidar su identidad a través de su relación con otros. Por eso las experiencias de humanidad se mueven “de la periferia hacia adentro”. Es decir, suceden en el mundo exterior y se adentran en cada individuo hasta llegar a sus cimientos.
Reconfiguración de lo humano
Elías González Gómez enmarcó sus comentarios en el contexto del desarrollo tecnológico acelerado. Para este filósofo, si algo ha llevado a las sociedades a las crisis en las que se encuentran, es que han trastocado las fronteras de aquello que define a los humanos. “Todo lo que es, es porque tiene límite, incluso si no lo podemos percibir”, explicó.
No es la primera vez que una reconfiguración de tal magnitud sucede. También ocurrió cuando la estructura humana de percepción de la realidad cambió de lo oral a lo escrito. El problema es que, ahora, “la pantalla sigue siendo algo desconocido”, dijo González, además de que los mitos que sostenían la vida de muchas comunidades han perdido sentido.
Es por eso que, en el fondo, el panelista reconoce que el problema se trata de un asunto religioso. Tal como lo planteó Nicolás Berdiaev, filósofo ruso, González considera que las personas se han dejado guiar por una mística irrealista en la que la meta es, sobre todo, superar la condición humana. Ahora que la técnica se ha convertido en el centro de la socialización, conviene pensar en el ascetismo tecnológico como un conjunto de ejercicios para purificar el espíritu, propuso.
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